UN AYER Y UN HOY






De muy joven, siendo un niño, comencé a sentir la llamada cofrade que me invitaba a introducirme en el mundo de las cofradías. Inicié mis andaduras por medio de un pasito realizado en un cajón de la tabacalera, con una cruz, cuatro velitas y flores cogidas de las macetas de mi querida madre, entre las que destacaban los geranios y algunos jazmines. Con estos artilugios, mi amigo Paco y yo, nos lanzábamos por las calles de López de Rueda  y sus aledaños. Felices y contentos, nos sentíamos los cofrades más grandes del mundo. En alguna que otra ocasión, se incorporaban a nuestro juvenil cortejo, los amigos de las casas colindantes, con la consiguiente algarabía de las trompetas y tambores que la ocasión les deparaba, que nada tenían que ver con instrumentos musicales. Toda una gozada para una chicuelería que se iniciaban en este mundo cofradiero de la Sevilla eterna.

Recuerdo con nostalgia, mi primera salida como cofrade en  la Hermandad de los Negritos, entonces no llevábamos el escapulario azul que hoy llevan sus nazarenos, y de cómo mi abuela Pepa, a mi edad de siete años, cuido al sumo todos los detalles de mi indumentaria, me llevo a la Iglesia y me esperó pacientemente mi regreso, feliz a mas no poder, por esta mi primera participación como penitente de Nuestra Señora de los Ángeles, al ocupar sitio en el antiquísimo y deteriorado Simpecado. Fue una gran experiencia para mi, a través de los  orificios del antifaz de mi capirote, que me permitieron ver y vivir algo insólito, sobre todo a mi paso por el Monumento de la Santa Iglesia Catedral, donde con torpeza infantil, hice mi genuflexión ante el Santísimo, Cristo Real y Presente, en la Santa Eucaristía.

El tiempo fue pasando poco a poco, y en un abrir y cerrar de ojos me encontré en el umbral de mi mayoría de edad, cuando la visión de un adolescente comienza a ver el mundo de otras formas a las pensadas en mi época de niño, con sus pro y contras y las consiguientes decepciones que la vida adulta te otorga. Mis sueños se fueron desvaneciendo y fui aceptando todo lo nuevo que ante mi se presentaba.

Hoy, la voz de la experiencia, se hace presente en mis palabras,  y siendo consciente de todo lo que me rodea, aún pienso en algunas ocasiones, que me gustaría volver a aquellos felices años de la infancia, donde el mundo era mas limpio y se respiraba mejor. No obstante, la vida hay que aceptarla tal y como nos viene y se nos presenta. Los tiempos evolucionan, en ocasiones para bien, y en otras para mal, dependiendo de nosotros mismos este evolucionismo, siendo responsables como tal de todo ello. La comodidad priva en todos nuestros actos y el conformismo se ha instalado en la sociedad que nos rodea, que impasible, acepta todo aquello que se le ofrece, sea bueno o malo, y que no les cause molestias de ningún tipo sobre todo.

Y esto es lo que actualmente viene pasando en nuestras instituciones cofrades, que se ven involucradas en la evolución de los tiempos, olvidando sus verdaderas raíces y para lo que fueron creadas hace bastantes siglos. Actualmente, a la sociedad le satisface mas que la Semana Santa se convierta en una fiesta popular, para el divertimento general, y no que sea una manifestación externa de fe en la que se mediten los misterios de la Pasión del Señor y los Dolores de María.

La falta de una formación cofrade profunda, está llevando a nuestras Hermandades y Cofradías al descalabro total. De seguir por estos caminos, abocaran a convertirse en Asociaciones Culturales que nada tengan que ver con la Santa Madre La Iglesia. Llegará un día en el que la Jerarquía Eclesiástica tenga que poner remedios drásticos para cortar de una vez esta mala interpretación, y tratar de corregir el mal ejemplo que actualmente se esta dando. Los días sacros de la Semana Mayor, hoy fiesta común, como otra cualquiera de las muchas que se celebran durante el año, lo que menos tiene es ser una fiesta religiosa de meditación y contemplación, en la que el católico pueda reconciliarse con Dios Nuestro Señor, mediante la oración, la penitencia y el ayuno. Y lo peor de todo esto es que, los políticos, son los que se están beneficiando de todo ello, primando al mundo cofrade para que sigan adelante.


EL FISCAL



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