Me cuenta un cofrade, de los más viejos del lugar, de los
curtidos en años de penuria de recursos económicos y escasez de capital humano
en el seno de nuestras Hermandades, que llegada las fechas de las elecciones,
el principal problema era hallar candidatos para formar una Junta de Gobierno
y, sobre todo, alguien que quisiera ser Hermano Mayor o Mayordomo que entonces,
estos últimos, eran los auténticos pilotos de las naves de nuestras
Corporaciones.
Era, me sigue contando mi respetado interlocutor, la época de
las Cofradías con 100 o 200 nazarenos o incluso menos, la época de quedarse en
casa algunos años por falta de recursos para sufragar los gastos de salida, la
época de las Capillas cerradas todo el año excepto en tiempo de Cuaresma y la
época en que ningún periódico gastaba una sola gota de tinta en hablar de
Cofradías y, si acaso, comenzaba a emitirse el programa radiofónico Saeta con
unos contenidos muy diferentes a los que llenan hoy en día los programas de
Semana Santa de radio y televisión.
Pero, en esto, llegó la eclosión de los 70, nuestras hermandades
crecieron en número de miembros, en capacidad económica y en actividades
diversas durante todo el año, hasta vertebrarse en plenitud en el devenir
cotidiano de la vida de la ciudad. Y así empezaron a ser noticia y a llenar
páginas de nuestros periódicos y minutos de audiencia de radio y televisión.
Y coincidiendo con ello en el tiempo, comenzó a no ser problema
el buscar un Hermano Mayor y empezó a no ser raro el que hubiera más de una
candidatura para gobernar la
Hermandad y que hubiera, a su vez, un proceso de elección
entre ambas candidaturas.
No deja de ser cierto que el quiere de verdad a nuestras
hermandades y ha trabajado en ellas sabe, de sobra, que cuando esto se hace
como se debe hacer se ha de sacrificar mucho tiempo, tiempo que robamos a
nuestro descanso, a nuestra familia e, incluso, a nuestro trabajo, sin
recompensa material alguna y, a veces, hasta con perjuicio económico. Pero el
que está por fuera no puede pensar que haya tanto interés con tan poco
beneficio y le es más fácil creer, más o menos malintencionadamente, que
el interés deriva de un afán de notoriedad o del provecho personal que se derivaría
del poder ser más conocido en algunos ámbitos de nuestra ciudad
Por eso me
dice mi querido amigo, no se puede estar en contra de que haya tanta gente
interesada en trabajar en las hermandades, que eso, sin duda, es bueno, pero
devolvamos la exposición y el contraste de las distintas ideas al plano de lo
que se ha llamado la vida interna de la hermandad y dejémonos de campañas de
imagen con maneras, medios y sentimientos propios de batallas electorales de
los políticos y no de los cofrades en los que debe reinar, ante todo, la
fraternidad y la amistad porque y así remata mi maestro “ En esta vida no basta
con ser honrado hay, además, que parecerlo”.
Feliciano Fernandez Gonzalez
Pasion en Sevilla
EL FISCAL

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