Considerándome
un hombre joven y por tanto “cofrade joven”, de años de pocos años de edad, he divagado durante unos instantes de calma y sosiego, el por qué de mi
ausencia en la hermandad de mis amores, de la que me reservo el nombre para no
herir susceptibilidades de nadie.
Hace ya
algunos años, decidí retirarme de la vida participativa en mi cofradía, ya que,
ciertos hechos y circunstancias contrapuestas a mis creencias personales, me
hacían ver, que todo era un puro cuento ante un escaparate preciosamente
montado, pero con un contenido lleno de mercaderías repletas de desencantos, mentiras y malas intenciones,
por parte de una junta de gobierno, convertida en auténtico “bunker bolchevique”,
cuyas intenciones eran sus propias satisfacciones personales.
Ello, no ha
quitado, por supuesto, de que siga en la hermandad, ya que entiendo que la
institución no tiene culpa de nada, puesto que la culpa se la otorgamos a todos
los que la formamos.
Y como
quiera que la esperanza es lo último que se debe de perder, sigo firme en la
creencia de que llegará algún día en que todo esto cambie a mejor, aunque dudo,
por todo lo que veo y escucho de los llamados “la juventud cofrade”, de que
éstos aporten algo sensato y efectivo al mundo cofrade, puesto que la inmensa
mayoría creen que la sapiencia cofradiera está en saber mucho sobre la
parafernalia de las marchas cofrades, el exhibicionismo de los costaleros, el
mayor numero de cofrades en fila a las ordenes de los caciques, las flores
puestas con gusto exquisito, el tocado de la Señora con perfección simétrica, la puntualidad
horaria en los itinerarios y las tertulias cofradieras en las que si se hace
necesario se le da caña a pelé, melé y tajadilla, en detrimento de la presumida
caridad que debe presidir a la misma. O sea, una formación perfecta al servicio
de la Santa Iglesia
y de sus Evangelios.
EL FISCAL


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